martes, 9 de enero de 2018

La invitada - Simone de Beauvoir


Título original: L´invitée
Edición: Aguilar (1972).
Traducción: Juan García-Puente
Páginas: 500
ISBN: 84-03-04988-9
Precio: 20€ (Obras completas de Simone de Beauvoir, volumen I. Descatalogado aunque no es difícil de encontrar en librerías de segunda mano).
Calificación: 8/10

Lo que más me ha gustado: la evolución de los personajes. Simone demuestra ser mucho más que una ensayista, es una narradora extraordinaria capaz de crear una historia coherente en la que lo importante no es tanto la trama sino la vida interior de sus personajes. Éstos mienten, discuten y se reconcilian; se quedan solos con sus pensamientos, los expresan, los maquillan, los exageran. Personajes de carne y hueso que a veces se desdicen y otras se ratifican y que ahondan en lo difícil que es muchas veces actuar conforme a lo que uno siente, o le gustaría sentir. La dialéctica pensamiento-acción es un personaje más de la novela.

Lo que menos me ha gustado: Simone intenta, al igual que en sus memorias, hacer un retrato tan real de la vida que los giros que no llevan a ningún lado, las situaciones que se repiten por la indecisión de los personajes, las inseguridades que impiden que la acción avance pueden ralentizar el relato. Quien la lea debe tener en cuenta dos cuestiones: la primera, que Simone nunca deja su faceta existencialista ni siquiera en sus novelas; la segunda, que es una novela a fuego lento en la que lo importante no es qué pasa sino por qué pasa. 
«Con respecto a Xavière, sentía, con una especie de alegría, alzarse en su interior algo muy negro y amargo que aún no conocía y que casi era una liberación: poderoso, libre, floreciendo al fin sin impedimentos: era el odio.» (Pág. 442)
Françoise y Pierre son una pareja perfecta, un tándem equilibrado que conforman una sola persona. Ella, escritora. Él, dramaturgo. Ambos perfectamente integrados en el mundo intelectual del Paris de 1939, meses antes de que la Segunda Guerra Mundial agite el continente europeo de forma fulminante. La amenaza de ese conflicto no impide que estos intelectuales disfruten de una vida alegre rodeados de bambalinas, borracheras en cafés parisinos, y de análisis exhaustivos de cada una de sus emociones. Tan compenetrada está la pareja que aceptan en esa relación abierta la entrada de terceras personas sin que ello amenace su identidad. Son dos. Son uno. Sin embargo, la llegada de una "invitada" especial, Xaviére, hará tambalear peligrosamente esa relación que hasta entonces parecía edificada sobre sólidos cimientos de hormigón.
«En realidad, para un corazón puro y no prevenido debe de ser un enigma esa seriedad con que buscamos el matiz exacto de cosas inexistentes». (Pág. 72)
Simone y Sartre.
Xaviére es una joven intensa e insatisfecha con su vida en la provinciana Rouen. Françoise queda prendada de su belleza, su ingenuidad y su carácter visceral y reconoce en ella una conciencia idéntica a la suya. Como si de una Pigmalión se tratase, accede a hacerse cargo de ella en París, mantenerla económicamente, e incentivarla a que comience a estudiar para formarse un futuro en la ciudad. Pierre, por supuesto, ve en esta invitada una oportunidad de reforzar él también su propio ego y se propone conquistarla, formarla como actriz y convertir ese perfecto tándem en un trío armonioso. Françoise-Pierre-Xaviére son, en un primer momento, el trío perfecto. Juntos recorren París, acuden a espectáculos, pasean por sus calles, charlan animadamente. Son conscientes de que provocan estupor y escandalizan a quienes les observan pero eso no les importa. Son existencialistas, el proyecto de vida es lo más importante para ellos, su individualismo está por encima de cualquier censura social.
«—(...) la mentira es una cosa tan gratuita...
—Siempre es gratuita cuando se descubre—dijo Françoise.
» (Pág. 131)
Sin embargo, esta armonía dura poco. Françoise comienza a verse desplazada en ese trío por la excesiva atención, casi obsesiva, que Pierre presta a Xaviére, así como por el carácter volátil e inconstante de la propia invitada. Xaviére es una joven triste que busca y necesita estímulos intensos a cada momento. No tiene perseverancia ni paciencia, es caprichosa, inestable y explosiva, manipuladora y mezquina, infantil y perezosa; vendría a encarnar algo así como «el eterno femenino» por antonomasia. Françoise, sin embargo, es una mujer racional, moderna y reflexiva, que ha adoptado muchas cualidades que se han considerado tradicionalmente masculinas: trabajadora, noble, conciliadora y tranquila, confiable y estable. Sin embargo, Françoise comienza a reconocer en ella misma sentimientos que considera innobles y que dentro de su filosofía existencialista podrían considerarse de "mala fe": los celos y, sobre todo, el odio.
«Cuando Françoise se hallaba en aquel piso, le parecía que todos aquellos años no la habían conducido a ninguna parte: el tiempo se extendía a su alrededor en una charca estancada y dulzona. Vivir era envejecer, nada más». (Pág. 148)
¿Basada en hechos reales?
Olga Kosakievicz, Simone y Nelson Algren
La relación abierta que Simone mantenía con Sartre no era ningún secreto para sus contemporáneos. Nunca se escondieron, defendían su «libertad radical», y era común verles pasear por los cafés parisinos en compañía de los amantes de ambos de turno. Mítica es la frase que Sartre le dijo a Simone cuando le propuso que tuviesen una relación poliamorosa al señalar que ellos dos eran los "amores necesarios" y que había que dejar entrada a "amores contingentes", tal y como la propia Simone recoge en su primer volumen de memorias, Memorias de una joven formal. A veces, incluso, compartían esos amantes como así sucedió con Olga Kosakievicz (1915-1983), una refugiada rusa alumna de Simone a la que ésta "amadrinó". De hecho es a ella a quien dedica esta novela de La Invitada. Así es fácil comprobar que Françoise es el alter ego de Simone, Pierre es Sartre y Xaviére está inspirada por Olga. A propósito de esto, en algunos sitios se dice que el personaje de Xaviére es una aleación de Olga y su hermana Wanda, ambas amantes de Simone y de Sartre, pero en La Plenitud de la Vida, segundo volumen de sus memorias, Simone únicamente habla de Xaviére en relación a Olga, no a su hermana.

Es realmente interesante la lectura de La Plenitud de la Vida de forma paralela a La Invitada pues es como si ésta fuese una forma de novelar su propia vida. Así, en ambas encontramos que Simone/Françoise se ven obligadas a ingresar en un hospital a causa de una infección pulmonar y también en la Plenitud comprobamos el proceso de escritura de La Invitada ya que Simone dedica una parte importante a explicar por qué escribió esta novela que comenzó en octubre de 1938 y terminó en verano de 1941 y cómo fue modificándola en numerosas ocasiones, para adaptarla a la relación que en ese momento mantenían con Olga y porque no acababa de satisfacerle su escritura. De hecho, aunque esta novela fue candidata al prestigioso Prix Goncourt, no resultó finalmente ganadora, algo que no sorprendió a la propia Simone porque creía que podía haber dado mucho más de ella misma.

Como curiosidad, la vida amorosa de Simone y de Sartre es tan intensa que habría hecho las delicias de cualquier publicación amarillista. Como cotilleo complementario comentarles que Olga acabaría casándose durante la Segunda Guerra Mundial con Jacques Bost, amante de Simone a quien ella dedicaría en 1949 ni más ni menos que «El Segundo Sexo» por haber sido quien le dio la idea del (acertado) título, por haber mantenido también ambos un amplia correspondencia en la que trataron muchos de los temas de este libro, y porque, según Simone, «era el hombre menos machista que había conocido». En La Invitada aparece bajo el personaje de Gerbert, un joven sensible y tímido, amante del teatro, y tal y como pasó en la vida real Françoise/Simone comienza una relación con Gerbert/Bost mientras éste ya está saliendo con Xavière/Olga, relación que se extendería en el tiempo y que ni el matrimonio de Bost interrumpiría. Lo que les digo. Un lío folletinesco de cuidado. 
«Uno se pone a existir por las buenas; y, como dentro de uno mismo sigue sintiéndose igual, se apela estúpidamente a garantías externas.» (Pág. 175)
El existencialismo como linterna.
Sin embargo, el resultado es excepcional, con un final de esos que nunca se olvidan. Simone se reprochaba que este final traicionaba su exigencia de dejar que la cotidianidad entrase en la ficción; al fin y al cabo, no es ese una acto cotidiano. Sin embargo uno de los ejes en torno a los cuales gira el pensamiento de los existencialistas y también de esta novela es «la conciencia del Otro», un concepto que serviría de punto de partida al aclamado ensayo feminista de «El Segundo Sexo» que Simone escribirá en 1949. En La Invitada comprobamos cómo Françoise se pregunta: . La escritura sirve a Simone de catarsis personal pues en La Plenitud de la Vida confiesa que con ese desenlace «liquidaba las irritaciones, los rencores, que había podido sentir respecto a Olga; purificaba nuestra amistad y, sobre todo, recobraba mi propia autonomía». Así, Françoise/Simone decide, de forma extrema, no convertirse en una mujer resignada, recuperar su libertad respecto a Pierre/Sartre y mantener su amistad con Xaviére/Olga.
«Era ella quien durante años había incurrido en el error de considerarlo tan solo como una justificación de sí misma; ahora advertía que él vivía por cuenta propia, y el precio que pagaba por su aturdida confianza consistía en que se hallaba de pronto en presencia de un desconocido». (Pág. 171)
El feminismo.

Montparnasse. París.
Simone no se muestra aun en esta novela como la feminista en la que se convertiría tras escribir «El Segundo Sexo», pero ya observamos en ella varios elementos precursores del mismo. En primer lugar, el estudio que del carácter de la mujer hace a través de sus personajes. Mientras que Françoise, como firme existencialista, analiza con lupa cada una de sus emociones y cada una de las frases que pronuncia incluso con una exhaustividad que puede resultar agotadora, Xaviére es un alma frívola y superficial. Françoise pertenece al mundo de las ideas; Xaviére al mundo de las emociones. El duelo entre estas dos protagonistas femeninas relega a un segundo plano al personaje masculino de Pierre, haciendo gala por momentos de una gran sororidad entre ellas que, sin embargo, cambia a una rivalidad dañina. Esos intervalos de amor y odio son provocados por sus propias inseguridades y sus caracteres incompatibles y azuzados por el donjuanismo retórico de Pierre. Pero también aparece otro personaje fundamental, el de Elisabeth, la hermana de Pierre que vive la vida con lo que los existencialistas llamarían mala fe. No siente nada. Todas sus emociones y pasiones son fingidas con el fin de integrarse en el círculo de intelectuales y de encontrar un sentido a su existencia. Pero elige el camino erróneo. Se deja engañar por su amante Claude, un hombre casado que nunca dejará a su mujer por ella. Se autodenomina artista y finge disfrutar pintando aunque los colores que usa no la generan más que hastío y abulia. No empatiza con el trío amoroso protagonista a los que dota de una frivolidad que es la tónica de su propia vida y, lo que es peor, hace trampas consigo misma y niega la existencia de otras conciencias e incluso de la suya propia. En definitiva, no es íntegra y vive de puntillas definiéndose en función de cómo la ven los demás, los "Otros". Pero, sin duda, la forma en la que el feminismo aparece con más claridad es en el deseo, en la necesidad vital de Françoise de liberarse del influjo que, primero Pierre/Sartre, y después Xaviére/Olga, ejercen sobre ella. Recordemos, la «libertad radical», el conflicto entre hacer aquello que se debe y aquello que se quiere, la lucha por no volverse cómoda y dependiente de los demás y la valentía que exige ser fiel a uno mismo. Françoise, en un giro imprevisible de la obra, finalmente logra esa «libertad radical» o, al menos, porque se podría discutir este extremo, cree lograrla, pues cabe preguntarse, ¿de verdad se ha liberado? ¿ha conseguido así desembarazarse de los remordimientos que tanto temía o, de tenerlos, compensa estos lo que ha hecho? Si leen esta estupenda novela, ya me dirán...


1 comentario:

  1. ¡Hola, Raquel!

    Qué decir de tu reseña (una vez más). Quiero leer a Simone y creo que este es el título perfecto para adentrarme en su trabajo. Como siempre, tu opinión es de matrícula por la emoción y la manera de expresar lo que has sentido.

    Me lo apunto para disfrutarlo en cuanto pueda

    ¡Un abrazo enorme!

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