jueves, 29 de junio de 2017

Oculto sendero - Elena Fortún



Edición: Editorial Renacimiento. (2016). 
Páginas: 495
ISBN: 978-84-16685-77-6
Precio: 19,00€
Calificación: 10/10

Lo que más me ha gustado: cómo la voz narrativa de Elena Fortún se va adaptando como un traje a medida a la edad de María Luisa Arroyo, la protagonista. Si en sus primeros capítulos reconocemos el tono infantil e ingenuo de la Celia que le hizo famosa, en los siguientes la voz se vuelve más profunda y lírica, madura, llena de sensibilidad artística y sentido práctico, caminando como una funambulista entre ese ser y ese deber que se le impone como mujer de su época. 

Lo que menos me ha gustado: nada. De verdad. Es tan intensa la dualidad de la protagonista que se siente culpable por ser "rara" pero que al mismo tiempo lucha por ser fiel a sí misma, que me ha sido imposible encontrarle algún "pero". 
«—¿Quieres ver cómo descorro la cortina? Mira la puerta... Atiende...» (Pág. 221)
Una niña observa fascinada a dos mujeres que entran en el restaurante donde se encuentra comiendo con sus padres y sus dos hermanastros mayores. Las mujeres, sonrientes, seguras de si mismas, se complacen en la provocación de los comensales continuando con toda naturalidad y mucha alegría siendo ellas mismas, a pesar de los comentarios que suscitan a su alrededor. Una de ellas es rubia, elegante, desprende una deliciosa fragancia a su paso sobre unos altísimos tacones; la otra, morena, con pelo cortísimo, va vestida de hombre. Esa imagen queda grabada en la memoria de Maria Luisa Arroyo niña, la protagonista de esta novela y alter ego tras la que se oculta Elena Fortún. Sin saber bien el porqué, pues desconoce las palabras que den forma a sus sentimientos, la niña se siente identificada con esa mujer con traje de hombre, gestos de hombre, zapatos de hombre. Días antes, la niña Maria Luisa había tenido un disgusto tremendo porque su madre en lugar de regalarle el traje de marinero que ella le había pedido, le había encargado un emperifollado vestido de niña.
«La angustia que estalló en mi pecho se erizó de espinas y me subió a la garganta, inundándome los ojos de amargas lágrimas que corrieron por mis mejillas y cayeron sobre el vestido y la alfombrilla del suelo...» (Pág. 73)
Elena Fortún 
Así comienza Oculto Sendero, la historia de un reconocimiento de la propia sexualidad que lleva su tiempo, lento andar, sobre los prejuicios y las tradiciones, las expectativas que se tiene de la mujer y el entorno en el que cualquier tipo de desviación de las mismas se consideraba una aberración, una inversión pervertida e injustificable. La niña Maria Luisa crece y con ella su conocimiento del mundo que le rodea, y lo que es más importante, la convicción de que más allá de lo que se percibe y se ve hay otro mundo, un mundo en el que se puede ser una misma. Su adolescencia, rodeada de primas y de amigas cuyo único fin es conseguir marido y llevar una casa repleta de niños, está marcada por el más profundo sufrimiento e incomprensión. Ella no se quiere casar, no siente ningún tipo de interés por los hombres más allá de una curiosidad artística o como compañeros de juegos, "a lo bruto y a lo chicazo". Envidia en ellos la libertad con la que se manejan en la vida, la desenvoltura con la que pueden escoger una profesión, un hobby o un paseo en soledad por la calle, algo impensable para una mujer cuyo destino ya está predeterminado.
«—No sabes la guerra que me ha dado —se lamentaba mamá—. En casa de la tía Teresa no le he visto el pelo entono el día, jugando con el chico de la cocinera... ¡Es muy Chicago esta criatura...!» (Pág. 143)
Maria Luisa se siente sola, incomprendida, aislada. En su infancia nota que no encaja con lo que su madre espera de ella y que es solo gracias a su padre, que la consiente un poco más sus "rarezas", que puede ir abriendo las alas lentamente aprendiendo a diferenciar lo que le gusta de lo que debería gustarle. Con la adolescencia toma conciencia de que es diferente a las demás chicas de su edad, de que no encaja en sus conversaciones y aspiraciones, de que es una "chica rara, diferente", pero no saber por qué. A diferencia de las mujeres que le rodean a ella no la invade ese espíritu de sacrificio que se supone que es innato a la mujer, esas ansias de formar una familia y realizarse como persona engendrando hijos, complaciendo a un marido y decorando una casa. A ella le gusta correr, saltar, leer, pintar, ensuciarse las manos, despeinarse... Una voz interior le susurra constantemente que no se conforme, que mire más allá y descorra la cortina porque hay una vida más allá de la que le intenta imponer. Pero le abruma la culpabilidad por no sentirse capaz de cumplir las expectativas de su madre y de un entorno católico asfixiante. La muerte temprana de su padre las deja, a ella y a su madre, en una situación económica frágil e inestable. Debe casarse. Debe permitir que un hombre las mantenga, se ocupe de ellas. Debe introducirse en el mundo de las señoras y comportarse como una. No sin reticencias, Maria Luisa decide contraer matrimonio con un joven que aparenta entender sus inquietudes artísticas y compartir con ella su pasión por la pintura pero, una vez casados, ese hombre intenta someterla como todos los demás.
«En el periódico hablaban aquellos días de una mujer secuestrada por su familia... y en la fotografía la mostraba como un esqueleto... ¡Qué horror!» (Pág. 273)
Nuria Capdevila en la presentación en @Lib_Mujeres
La vida de Elena Fortún es una vida construida sobre capas de personalidades, de nombres y seudónimos. Realmente se llamaba Encarnación Aragoneses de Urquijo pero ya en 1928 comenzó a publicar sobre su personaje Celia con el pseudónimo de Elena Fortún, hasta el punto de que, tal y como comenta Nuria Capdevila (investigadora feminista y gran estudiosa de la vida de Elena Fortún) en el imprescindible prólogo de esta obra, firmaba como Encarna o como Elena según la época y el destinatario de sus cartas. A esta doble capa se le une una tercera: la de María Luisa, la protagonista de esta obra, y de la que se sirve la autora para explorar el camino del autodescubrimiento de la propia sexualidad, su transcurrir por ese Oculto Sendero doloroso y lleno de incertidumbre para descubrir con asombro alegre que al final del mismo hay una brillante luz.
«Al día siguiente de la boda me desperté cansada y dolorida... ¡Tanta emoción, tan exaltada poesía, para tan pobre y vulgar resultado! (...) Yo pensaba, pensaba todas las horas del día y las que en la noche estaba despierta.... ¿Esto sería así siempre? ¿Así vivirían todas las mujeres? ¿Todos los matrimonios eran eso? ¡Nunca se quejaba ninguna mujer! En algunas novelas que yo había leído se saltaba el amor carnal, el dulce secreto de los esposos... Claro, que las novelas las escribían los hombres» (Pág. 302)
Efectivamente, la mayor parte de las novelas que exaltaban ese dulce secreto estaban escritas por hombres, por ello Elena Fortún muestra un testimonio tan valioso haciendo que nos pongamos en la piel de esas mujeres que tuvieron que soportar matrimonios desgraciados, unos por conveniencia, otros por convención social, y a los que estaban esclavizadas por unas cadenas más fuertes que las de cualquier vínculo físico. Un libro precioso en el que Elena Fortún aúna todos los recursos literarios de los que dispone para dar lo mejor de sí misma y alumbrarnos con ese despertar tardío que vivió al conseguir, tras lágrimas, resignación y sufrimiento, poner palabras a lo que sentía y comprobar que realmente "no era tan rara", que más personas sentían como ella, que el mundo al que pertenecía su esencia, si bien oculto, existía, esperándola a que llegase. Igual que esta novela inédita, escondida entre papeles y notas de la escritora, parecía estar esperando a que llegase el momento en el que alguien abriese esa caja y descubriese el tesoro que estaba aguardando en su interior, paciente, silencioso, quieto cual monje budista. 
«Entra ya en el sendero que hasta ahora ha estado oculto... y pisa con pie firme, aparta los obstáculos que te impiden continuar... y si de tu vida sentimental y de tu vida artística puedes hacer una sola, verás cómo no fracasas» (Pág. 446)
Todo llega, parece decirnos este libro que es un auténtico testimonio vital. Pero no basta con esperar, también hay que buscar incansablemente. Igual que las investigadores rebuscan y leen entre líneas intentando desentrañar el misterio de la fascinante personalidad de Fortún, la propia autora recorrió en vida un camino que le llevase a conocerse a sí misma, a no resignarse con ser como todo el mundo quería que fuese. A su paso se casó, tuvo dos hijos, luchó contra el intento por parte de su marido de reprimir su creatividad. Afortunadamente, Elena Fortún no agachó la cabeza ni se desplazó a un lado del sendero a malvivir, sino que siguió caminando para darnos este testimonio de luz, de lucha y de autoconocimiento. Gracias, Elena Fortún, por no callarte y conseguir contarnos tu experiencia como tú mejor sabías, a través de tus luminosas palabras. Gracias a todas las investigadoras por seguir abriendo cajas, leyendo papelajos, escudriñando fotos y así acercarnos un poco más a estas mujeres silenciadas que hoy sí, por fin, pueden hacernos llegar su fuerte, valiente y potente voz.

6 comentarios:

  1. Qué envidia me das Raquel! qué ritmo de lecturas llevas taaan bueno! Este libro lo vi en Navidad y justamente me llamó la atención porque fui muy fan de Celia cuando era peque y curiosamente no sabía que Elena Fortún escribía otra cosa (qué raro verdad? jeje)
    Después de leer el primer párrafo no puedo negar que me has atrapado hasta el final,la próxima vez se viene a casita conmigo! xDD
    Un besote enorme! ^^

    PD: la portada me parece maravillosa!

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    1. Ay, Anita. Pues si fuiste fan de Celia tienes que leer este libro. Te va a dar una visión muy completa de Elena Fortún que te ayudará a entender por qué tuvo que esconderse detrás de ese personaje "infantil" para poder desarrollar su creatividad, no solo de cara a la sociedad de su época, con todo ese entramado político franquista y ultraconservador, sino también de cara a su marido, quien la envidiaba por su gran talento.
      Ya me contarás. ¡Llévatelo bajo del brazo cuando lo vuelvas a ver! Creo que te va a encantar.
      Abrazote y café recién hecho. ^^

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  2. Qué bonito ese párrafo en el que explicas el encuentro de la niña con la pareja de mujeres, Raquel, qué bien has recreado la atmósfera. Las citas que incluyes también son estupendas. Sin duda debe de ser una gran lectura por todo lo que la autora habrá puesto de sí misma en ella, y por esa reivindicación de las 'rarezas' y de vivir la vida siendo fiel a uno mismo.
    Besos

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    1. Has dado en el clavo, Lorena. Este libro es una absoluta reivindicación de la libertad personal y cuando es contada en primera persona por una autora de primera fila como Elena Fortún es imposible no estremecerse al entrever en cada una de sus líneas todo el dolor, las dudas y las frustraciones que se escondían dentro de ella y que solo salían a la luz cuando se sentaba a escribir. Desgraciadamente, si hoy Elena volviera a nacer en algunos sectores sociales actuales o en algún país de esos que siguen siendo reacios a admitir la libertad sexual, volvería a sufrir tanto como lo hizo en su época. Su testimonio es por ese motivo, doblemente impresionante e inolvidable.
      Un besote.

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  3. ¿Cómo? ¿autora española que habla sobre su homosexualidad en esa época? Me alegro muchísimo de que se haya recuperado esta obra. Muy valiente la señora Fortún. He leído tu reseña de principio a fin y, ¿qué puedo decir? Que quiero leerla. Me uno al comentario de Eibi. ¿Cómo puedes llevar ese ritmo? Bueno, nosotras lo disfrutamos con tus momentos ;-) Un abrazo!

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    1. El mérito de Elena Fortún es inefable. Una mujer que se atreve a escribir sobre sus sentimientos como ella lo hace, aun a sabiendas de que la obra no se publicaría por las circunstancias de la época que le tocó vivir, solo puede ser una mujer valiente. O al menos valiente con ella misma que, lejos de engañarse, decidió poner por escrito cómo evolucionó a lo largo de su vida. Es maravilloso leer como ella describe las reacciones que siente en su niñez y en su adolescencia. Palabras como homosexualidad o definiciones como "lesbiana" no existían en su entorno ni en su lenguaje porque, ya sabes, la mejor forma de invisibilizar algo es no hablando de ello. Por eso se sentía rara, diferente, culpable, desgraciada. Sin embargo, todo el libro destila un espíritu de lucha y de inquietud personal que agita y conmueve.
      Ojalá lo leas, Pilar. Creo que te va a gustar muchísimo, y, por supuesto, me encantaría leer tus impresiones y tu reseña.
      Un abrazo gordo y un millón de gracias por leerme ;-)

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